martes 29 de junio de 2010

De los padres gelatina



Hoy tuve un encuentro con la paternidad irresponsable...

Dos malcriados como de 6 y 4 años cumplidos de ir creciendo así, como hierba silvestre, se subieron al elevador, saltándole a la señora que como pudo, salió de ahí esquivando sus gritos, Maikol, no toques eso, Maikol ya estate en paz, Maikol no desesperes a tu hermano y a Maikol le valían los gritos de su padre guiñapo, apretaba todos los botones del elevador con una mano y con la otra jalaba el cabello de su hermano que sin más le pateaba en defensa propia por debajo de la cansada vista de su padre.

En la mesa de a lado un niño que no llega a los 4 años, tiene como 10 minutos llorando intermitentemente hasta que sus esclavos, 30 años mayores que él, le traen un refresco de cola super big con el que prenteden acallar sus chillidos, lo logran por minutos, hasta que vuelve a comenzar ahora para que le alcancen las papas.

En la fila de atrás, dos adolescentes ningunean a sus padres mientras suben los pies al respaldo de enfrente y comen con la boca abierta toda la bendita función; por el ruido parece que lo hicieran en mi oído derecho.

A media película me doy cuenta que aprieto la mano del amado no por pasión sino por tener los nervios de punta.

¿Cuándo nos perdimos? ¿cuándo dejamos que los peques tomaran el control? ¿cuándo abandonamos el timón para que esos tiranos se convirtieran en gritones insensatos, manipuladores y malcriados?

Me asombra ver a los padres convertidos en monigotes de estos enanos mal educados.

En mis tiempos mi mamá tenía un repertorio de miradas, una para que no tocáramos nada en la casa de los abuelos, otra para dar gracias y decir por favor, otra para que nos fuéramos preparando para partir y una, la más contundente, esa que te decía sin palabras: lúcete mi amor que cuando lleguemos a la casa tendremos mucho que arreglar, ya sabíamos mi hermano y yo que la noche sería larga si no atendíamos a tan específicas señales oculares. Resultaba impensable patalear en público o hacerse cómplice de la abuela o los tíos para conseguir algo que ya habían negado mis papás, saltarnos la instrucción nomás empeoraba las cosas.

Pero ahora o para no generalizar, con los especímenes que ví hoy, eso de las miraditas ni lo conocen, no hay límites para los salvajes de pantalones cortos, todo les vale y sin quererlo mi mente vuela y me pongo a pensar que si estos blandengues no les ponen límites ya lo hará la policía o una muy mala experiencia de vida.

¿O será también que me pusieron mal tantas coincidencias? Me descubrí diciendo en las 3 ocasiones: si fueran mis hijos ya les hubiera dado 3, sólo tres pero bien puestas.

Pero por ejemplo, en descargo de la generación de padres gelatina también tengo que decir que mientras esperaba por pasar a consulta, es decir 2 horas, la señora de enfrente sacó de su maravillosa bolsa: un libro, crayones, un cuadernito, un muñeco de plástico al parecer con super poderes y algunas cosas más que no alcanzaba a ver pero que puedo decir sin problema que se trataba de elementos indispensables para que un niñito no la pase tan mal cuando hay que esparar demasiado.
Daba gusto verlos porque se la pasaron muy divertidos, hablando, riéndose juntos, se abrazaron, en fin, lo que en mis tiempos eran esos momentos mágicos con tu mamá que todo lo sabe y todo lo puede y que ella aprovechó para enseñarnos colores, números, palabras, emociones...

3 han dejado sus rayos lunares:

Nik dijo...

Me decían; Quiero decirle a mis hijos: "ojalá puedas conocer los veranos que he vivido yo... ojalá que quede para ti un mundo como el mio".
Había que reconocer que los cintarazos no me habían acercado más a mis padres, que mi abuela que nunca me pegó era una mujer sabia, con el analfabetismo escolar pero la formación recia de una vida difícil.
Es difícil la vida paternal, porque ahora parece que es mas importante el ejemplo que las palabras; y no siempre esta uno de humor.
Es intolerable que se abandone la responsabilidad de educar a nuestros hijos, las estrategias deben ser diversas, lo cierto es que el esfuerzo de esa actividad, siempre se verá en la conducta que muestren a los demás.
Y para las vergüenzas en público, como padres, hay que apechugar, corregir de nuevo, las veces que sean necesarias, jamás ignorarlas.
Un mundo como el mio que ha tenido cosas muy hermosas, alegrías, experiencias, amigos, eso vale la pena y mucho.
Un fuerte abrazo.
NIK
PDT. Buenos deseos, mejor salud.

B. dijo...

Gracias por venir Maestro.

Mariní dijo...

Hola!
al leerte me doy cuenta que en lo que si creo en ese momento de encuentro entre padres con sus hijos, ese sentir que quizás podemos recordar nosotros como bueno ... y que nos permite reconocerlo cuando existe, por eso, también creo, que los que NO LO HAN TENIDO en su ñiñez, quizás les cueste saber que tienen la opción de "acompañar" la ñiñez... y no solo "soportarla"... temblando. como Gelatinas...

( me conmueve como describís ese último momento :"...se la pasaron muy divertidos, hablando, riéndose juntos, se abrazaron, en fin, ...")


saludos , desde buenos aires.