
Mi paciencia tiene un límite variable, voluble digamos, dependiendo del cansancio, de la cantidad de trabajo y de la persona, si, ni modo, así son las cosas, no soy una mujer lineal, de esas que puedes jurar cómo reaccionaran y que así estén en Dinamarca, Bali o Jojutla, actuarán del mismo modo, no, en este corazón de rastros jarochos las emociones van y vienen, se integran a la razón y hacen un amasijo bonito y muchas veces inesperado.
En la semana anterior varias mujeres, específicamente mujeres, se vinieron a hacer las terapeutas, las conciliadoras y las comprometidas con mi salud mental, quesque como estás, quesque si tengo mucho trabajo porque te ves como "enojadita", eso del diminutivo me pone mal, es como que te quieren decir una chingadera endulcorada.
No estoy enojada, sí tengo mucho trabajo, sí estoy cansada y sí muchas cosas mas. Una de ellas se lanzó la pasada de que tenía que ser más tolerante... pero qué le pasa a la gente que cree que con tratarme en 2 sentadas con un café ya me conoce, sabe mi historia, conoce porqué soy esta insufrible en la que a veces me convierto y puede decirme qué ser más y en qué momento.
Soy de mechita corta así que procedí a mandarlas al carajo, a ver si se lo aprenden: no estoy en un certamen de Miss Simpatía, me vale hacerme la sociable y no quiero ser tolerante con las reynas de la torpeza, no tengo tiempo, no tengo ganas, no tengo ánimo para eso.
Que se queden mis amigas, esas que me quieren con mis asquerosos defectos, a las que quiero con sus mismos porque eso las hace espectaculares, que se quede la gente que no aspira a Lama, que se enoja y patalea y acepta todo eso y sigue andando, que quieren ser mejores personas pero no a costa de gastritis, esas que son, que sonríen y enloquecen pero que están contigo ahí, cuando hay que llorar o reír a carcajadas, o disculparse por una guarrada que averguenza, que no trabajan de terapeutas no solicitadas sino de mujeres de verdad.
Esas que se queden, las del club de mujeres de mechita corta que no se alquilan de encantadoras, que caminan seguras de quienes son, que defiendes sus sueños y sus nostalgias, que sin lloriqueos acomodan sus temores y sus duelos por color o por tamaño, las otras... esas otras que sigan dejando el alma con tal de ser aceptas.
1 han dejado sus rayos lunares:
un abrazo a esa mujer.
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